Valora Tu Ganancia – I Parte – Cash Luna
Apostol: Cash Luna

La gente siempre piensa en el precio. Cuando hablamos de unción, siempre se acercan a preguntarme:
“Hermanos, ¿Cuál fue el precio que usted pagó por la unción?”
Y yo les digo:
“No te preocupes por saber cuánto pagué yo, descubre el tuyo porque Dios no te va a pedir lo mismo que me pidió a mí.”
Cuando estás muy interesado en el precio, no estás interesado en la ganancia. El problema no consiste en pagar el precio, consiste en las ganas que tengo de ganar.
La Diferencia entre Regalo y Premio
La Palabra dice:
“El que venciere hasta la muerte le daré que se siente a mi diestra.”
¿Eso es un regalo o es un premio? Es un premio. El problema es que algunas personas lo quieren todo regalado, y creen que porque Dios es bueno, todo lo regala. Pero eso no es así.
Los que hemos sabido diferenciar entre el premio y el regalo, salimos adelante.
El Éxito y la Responsabilidad
¿El éxito te lo da Dios o Él espera que tengas éxito para el Señor? A veces le pedimos a Dios lo que Él nos está pidiendo a nosotros.
- ¿Dios educa a tus hijos, o los educas tú?
- Dios te dio el cerebro, ¿y quién estudia? Estudias tú.
Entonces, si te das cuenta, el éxito no es un regalo, es un premio. Es el resultado de hacer las cosas que Dios ordena que hagamos. A Josué le dijo:
“Nada más esfuérzate y sé valiente, no temas, para que seas próspero en todo lo que emprendas.”
La Comodidad y la Expectativa
Muchas veces a la gente le da miedo escuchar este tipo de enseñanzas, porque están acostumbrados a una comodidad en la cual esperan que Dios baje y haga las cosas por ellos. Pero, tú eres el trabajador de Dios, tú trabajas para Él. Dios es el jefe, no nosotros.

El problema no consiste en cuánto Dios demanda de ti. El problema está en cuánto tú demandas de ti mismo. Dios puede demandar todo lo que sea de nosotros, pero mientras que tú no demandes lo mismo de ti mismo, y no te pongas de acuerdo con Dios en la demanda, las cosas no ocurren.
Esto hace que algunas personas, en lugar de honrar a Dios con su trabajo y desenvolvimiento en las labores en la tierra, den vergüenza y dejen mucho que desear.
Reflexionando sobre lo Valioso
La Palabra de Dios en el libro de Filipenses 3:4-8 dice:
“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuántas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.”
La Importancia de Ganar
¿Hay algo de malo en desear ganar? Lo importante no es competir, es ganar. Los deportistas mediocres son los que viven con ese pensamiento, y con razón no ganan.
Las grandes naciones ponen a su gente a entrenar, y su entrenador no llega a motivarlos diciéndoles:
“El gobierno ha invertido millones en ustedes, lo importante es competir. No se preocupen por el partido.”
Eso no es así; ellos llegan y les dicen:
“Aquí somos los campeones, vamos a ganar, somos los mejores.”
Reflexiones sobre la Competencia
¿Qué es esa mente pasiva y dormida? Cuando estoy predicando, a veces miro que a algunas personas les brillan los ojos y están absorbiendo todo. Pero veo a otros que tienen expresiones de desconcierto y piensan:
“¿Qué estará diciendo el Hermano Cash? ¿De qué estará hablando?, si yo nací para perder.”
Pero déjame decirte que lo que has perdido está en manos de alguien más que decidió ganar.

Ganar es importante. El apóstol Pablo decía:
“Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (1 Corintios 9:26-27)
El consejo del apóstol Pablo era: Si te metes a correr es para ganar. Pero, ¿quién se mete para competir?
Aquellos que no se entrenaron para ganar, sólo participan. Y hay muchas personas que sólo están participando de la vida.
La Capacidad para Competir
La Biblia dice que somos competentes, que nuestra competencia viene de Dios. Es decir, nos da la capacidad para competir. No creas que lo importante es competir, lo importante es ganar.
El problema que se tiene al predicar este tipo de Palabra, no es su espíritu, su espíritu es salvo y se va a ir al cielo. El problema está en su mente. No existe transformación sin la renovación de la mente.
Si tú todavía crees que desear ganar es malo, este mensaje no es para ti. Yo creo que ganar es bueno. Pablo decía:
“Con tal de ganar a Cristo, no le importa perder.”
Reflexiones sobre Inversiones
Anteriormente les decía: “¿Cómo es posible que la gente en Latinoamérica ahorre de 5 a 10 mil dólares, en la moneda de su país, para pagarle a un coyote para pasar la frontera?»
- Ni siquiera arriesgan su dinero, porque no tiene retorno.
- Se lo dan a alguien y esa persona no les da nada a cambio.
- Corren el riesgo de morirse en un contenedor con otros.
Te imaginas cuando ellos están adentro del contenedor, todas esas mentalidades son idénticas. No quiero ofender a nadie con esto, pero sólo quiero que pongas atención a la oportunidad que perdiste.
Agarras el dinero, arriesgas la vida porque te puedes morir al tratar de cruzar el río, pero ¿por qué no agarras ese dinero y lo inviertes en tu país? No entiendo como, teniendo el dinero para convertirte en empresario, lo usas para irte a ser empleado en otro lado.
No siendo suficiente, algunos de ellos cuando les abren el contenedor del otro lado dicen:
“¡Gloria a Dios, aleluya! ¡Lo logré!”
¿Quién te enseñó a vivir así, acaso fue Dios? No, pero lamentablemente algunos que lo representan sí. Si hubieran invertido todo ese capital en sus países, tendrían mejores ganancias. El éxito está vinculado a la manera de pensar.
Una Llamada a Despertar
En Latinoamérica tenemos tantos prejuicios que no nos damos permiso de ser mejores. La primera vez que te estrenas un traje fino, te sientes mal por lo que los demás vayan a decir.
Pero quiero llevarte a un punto en que te voy a poner contra la pared:
¿Crees que tu servidor, en la eterna gracia de nuestro Señor, ha tenido éxito?
Tenemos 9 años de ser iglesia, a los siete inauguramos el templo donde nos congregamos sin deuda. Si yo te dijera que te doy mi secreto, ¿cuánto estarías dispuesto a pagar?
Si te digo que te puedo llevar al punto en que puedes lograr lo mismo que yo he logrado en la mitad del tiempo que yo, ¿cuánto estarías dispuesto a pagar?
La Inversión en Ti Mismo
No logras más porque no estás dispuesto a pagar para lograrlo. Ponte a pensar:
- ¿Cuánto inviertes en educación personal al año?
- ¿Cuántos libros lees al año?
- ¿A cuántos seminarios vas?
- ¿Cuántos servicios al año faltas?
El problema que tienes es que no valoras lo que te puede dar la iglesia. Por eso es que ofrendas poco; porque no valoras mucho la Palabra de Dios. La Palabra del Señor no funciona donde no encuentra validez. Si no la valoras, no la crees.
Apostol: Cash Luna – www.CashLuna.org

