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Testimonios: Noviazgo, Matrimonio, Padre - Fernando Betancourt

 
Por: Fernando Betancourt

Todos ustedes y yo tenemos muchas cosas en común. Por ejemplo, a todos los hombres que estamos aquí nos gusta alguna mujer, y a todas las mujeres les gusta algún hombre.


Tenemos muchas cosas en común, entre ellas, que queremos amar a Dios. Un día nos queremos casar, queremos tener hijos, amarlos y que sean exitosos. Yo tengo una hija que tiene siete meses en el vientre de mi esposa, su nombre es María René. Así como todos tenemos cosas en común, hay cosas que no las tenemos. Tenemos diferencias. No todos aquí nos vamos a casar con la misma persona, no tenemos los mismos gustos. Las mayores diferencias están en nuestra mente. Di: “Mente, paradigma”. Durante la vida, nosotros formamos muchos paradigmas en nuestra mente, y nos llevan a actuar y reaccionar de alguna forma en específico. No todos percibimos lo mismo. Por ejemplo, si te digo “noviazgo”, ¿qué percibes? Unos perciben “me muero por tener uno”; otros, “me muero porque la de al lado me diga que sí”; algunos otros, “qué dolor de cabeza más bonito”. Todos percibimos de forma distinta el mundo. Otros piensan “nunca más voy a tener uno, porque todos son iguales”. Hay quienes tienen 39 años, y dicen “algún día quiero tener el primero”.

Voy a decir otra palabra: “matrimonio”. Cuando la digo, muchos piensan “ya rápido quiero”. Otras que piensan, “este no se anima”. Todos pensamos cosas distintas cuando mencionamos alguna palabra. Hoy te quiero hablar de la palabra “padre”. Cuando escuchamos esa palabra, no todos pensamos igual. Cuando te la digo, tú puedes pensar: “pues, sí tengo uno”, o como me paso a mí, “tengo dos”; “me hace falta, pues ya no lo tengo”, o “la verdad, que ni verlo quiero por lo que me hizo”.

Quiero contarles parte de mi vida y la percepción que hay en mi mente cuando escucho esa palabra.

Cuando era pequeño, mis padres se divorciaron y mi madre se volvió a casar. Con ambos me llevaba bien, no me peleaba con ellos, teníamos una relación buena. Y en medio de esa relación, muchas cosas pasaron y muchas otras no. Teniendo dos padres, gracias a Dios, lo material nunca me hizo falta, pero hubo cosas importantes que no tuve, y éstas formaron en mi mente un paradigma. Desde muy pequeño, le entregué mi vida a Dios y ustedes saben que Dios es el Padre por excelencia, y estando con El, caminé durante muchos años; pero en un momento dado, me separé de El, así como mis padres un día se separaron de mí. Empecé a vivir una vida desordena, entre tragos, vicios y adicciones, estaba desubicado. Tuve algunas novias, pero cuando empezaba a quererlas, cobardemente me separaba, porque era inseguro y pensaba que me podían hacer daño. Cuando empezaba a tener un cariño especial, terminaba la relación; pero un día decidí regresar con Dios. Cuando lo hice, le dije: “Si de veras existes, si eres real, yo quiero que me ames y amarte”.

En mi relación con mis padres en la tierra, muchas cosas me hicieron falta, entre ellas, cariño. Mis padres, uno de ellos, dos veces en la vida me dijo: “te quiero”, y lo hizo porque los dos nos habíamos echado los tragos y ya estábamos bolos. En esa ocasión, fue la única en que él lo dijo. Toda mi vida durante ese tiempo, se llenó de violencia, mujeres, tragos, adicciones y, en un momento dado, regresé con Dios y le dije: “Si existes, quiero amarte y que me ames”. Empecé a vivir con El. Existe una oración en la Biblia que dice así: “Padre nuestro, que estás en los cielos”. Repite: “Padre nuestro, que estás en el cielo”. La Biblia nos llama a orar de esa forma, y en esa oración, la primera frase es “Padre nuestro”. El es un dios polifacético, es un buen rey, es muchas cosas buenas, pero como lo primero que El quiere que lo recordemos y que le hablemos cuando oremos es como Padre. Cuando oraba, le oraba a Jesús y al Espíritu Santo, pero nunca al Padre, porque no podía pensar que alguien a quien llamara “padre”, me iba a dar cosas importantes y buenas, porque ese era mi paradigma. Y empecé a conocerlo y me empezó a tratar como hijo, como un buen padre.

Jesús se subió en una cruz con un motivo: Para restablecer una relación que estaba rota entre dos partes: el Padre y nosotros; porque Dios está sumamente interesado en que tú lo conozcas como un Padre, no solamente como un Dios. No como una religión, El no es eso, es un padre bueno que te quiere bendecir. No teniendo nada más grande por quién jurar, lo hizo por El mismo, juró que te iba a bendecir si tú te dejas. El quiere tener una relación con nosotros, pero a veces no lo dejamos, de nosotros depende. Hay cosas en la vida que nosotros no escogemos. No escogí tener dos padres en la tierra, que ellos no me dieran lo importante para mí, que es pasar tiempo conmigo, escucharme, orientarme, darme un abrazo. Hay cosas que no escogemos, como a nuestra madre, el nombre que tenemos, pero hay cosas que sí podemos escoger. Hoy escogieron estar aquí. Tú escoges dejarte el pelo largo, respetar tu cuerpo, respetar una mujer si la tienes. Una de las que escoges y puedes hacerlo hoy es que Dios sea y funcione como tu padre. Y eso no depende de nadie más que de ti. Yo te puedo decir hoy que después de que lo reconocí como un padre, que rico se siente. Cuando entré por esta misma alfombra a casarme con mi esposa en este altar y saber que un buen Padre me estaba acompañando, fue muy bueno. ¿Sabes qué hago yo con mis padres en la tierra, ahora que comprendí lo que es una buena paternidad? Voy y no me canso de decirles lo mucho que los quiero, de agradecerles por todo lo bueno que hicieron, y por todo lo que no hicieron también.

Si tu padre aquí en la tierra no ha funcionado como debería, no es tu culpa. Si posiblemente no es quien tú quisieras que fuera, tampoco lo es. Si es quien tú quisieras que fuera, tampoco, porque eso no depende de ti. Pero si Dios no es un buen padre para tu vida, eso sí es tu responsabilidad, y no sólo eso, tu decisión.

No importa el paradigma que tengas de lo que un padre es, pero esta noche tú puedes salir reconociendo al Padre que Dios es. El es bueno, es un buen padre, y así tú tengas un buen paradigma o uno malo, El va ser bueno y estará esperando que le digas: “Sí, quiero que seas mi Padre, mi padre bueno”. El quiere bendecirte esta noche, pero no puede hacerlo si tú no te dejas. ¿Estás listo para dejarte abrazar por un buen padre? ¿Estás listo para que Dios te diga: “Ven, hijo mío, no importa cómo llegaste a este lugar, yo soy tu Padre y te quiero abrazar, y no quiero que nunca te vuelvas a sentir solo”?

Si tú estás listo para que Dios sea tu Padre hoy en la noche, te voy a pedir que junto conmigo digas: “amén”. Dios se va a revelar hoy aquí como tu buen padre. Está por hacerlo en la noche de hoy. Yo sólo te pido que prepares tu corazón, esta es una noche que va a marcar un antes y un después en tu vida. ¡Eso es lo que hace Dios!

Fernando Betancourt - Iglesia Casa de Dios - www.CashLuna.org


Enviado el sábado, 28 de octubre a las 10:22:35 por bravo


 
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