Cash Luna – El Peligo De Afanarnos

Aprende a vivir sin afán

Pastor Cash Lunawww.cashluna.org

Introducción

Aprende a vivir sin estar turbado ni afanado. En quietud, el Señor te dará escrituras que te ayudarán a solucionar tus problemas. Vivimos apresurados, afanados por muchas situaciones. Queremos hacer todo rápido; las mujeres quisieran tener a sus bebés en 3 meses. ¡Qué bueno que la naturaleza se resiste a nuestro afán! Ya no te tomas el tiempo para vivir cada experiencia. Comes a prisa, duermes poco y ese estilo de vida genera estrés y ansiedad.

La Quietud y la Sabiduría

En la quietud descubrimos soluciones

Respecto a la capacidad de escuchar con calma, la Escritura nos dice en Eclesiastés 9:17-18:

«Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.»

Esto significa que debes aprender a escuchar tranquilamente al sabio. La sabiduría se transmite a quien escucha con atención. La quietud no significa inactividad; la palabra quietud en hebreo significa: “Estar quieto, callado, sin interrupciones”.

Escucha con atención

Deseamos encontrar solución a nuestros problemas. Acudes a la iglesia a escuchar consejo, pero si no pones atención y tienes la mente en otro lugar, no podrás escuchar ni aprender. Muchas personas acuden al jefe en busca de ayuda, pero no tienen calma para escucharle. A menudo, se adelantan a responder cuando la otra persona no ha terminado de hablar. Esta actitud, además de crear confusión, incrementa el estrés y no contribuye a solucionar nada.

Nunca debes sacar conclusiones apresuradas o poner en boca de otros alguna palabra que no han dicho.

Aprende a escuchar. Tu actitud para escuchar debe ser calmada y apacible. Si estás ansioso y enojado no escuchas; simplemente esperas algo que te provoque para reaccionar. Para poder escuchar y hablar, es necesario encontrar primero la paz interior.

El momento oportuno

Es importante también encontrar el momento oportuno para ser escuchado. A veces, cuando intento enseñar o dar instrucciones y veo que las personas a quienes me dirijo están distraídas, prefiero callar y esperar a que mis oyentes tengan una actitud receptiva.

El afán nos aleja de lo importante

Cuando vivimos a prisa, no disfrutamos nada. Sobre esto, la Escritura nos dice en Lucas 10:38-41:

«Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres…»

Perspectiva de Marta

Marta estaba encargada del banquete para el Señor. Como nosotros, quería ofrecerle lo mejor a Él. Pero estaba muy afanada, tanto que perdió el enfoque en lo que realmente era valioso.

Algunos creen que la solución es no tener nada qué hacer, pero están equivocados. No hacer nada es tan malo como hacer más de una tarea a la vez. No puedes hacer muchas cosas al mismo tiempo, y si lo intentas, ninguna sale bien. Si le das a cada cosa su momento y su lugar, todo lo harás mejor.

El problema de Marta era que estaba haciendo una cosa pero pensaba en muchas otras, y eso la afanaba. La palabra afanada en griego significa ansioso, preocupado.

En Lucas 10:42 leemos lo que Jesús le responde:

«Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.»

Necesidad espiritual ante todo

Cuando estudiamos Economía, aprendemos sobre la pirámide de Maslow. Esta nos indica que el hombre satisface sus necesidades primarias: comida, vestido y techo, hasta llegar a la autorrealización. Maslow se olvidó de la necesidad espiritual que debería ser la primera.

Para este psicólogo, la autorrealización se alcanza cuando, luego de satisfacer nuestras necesidades básicas, somos capaces de meditar y dedicarnos a cultivar nuestro espíritu. Quizá por eso la sociedad está de cabeza. Lo mejor sería primero meditar para luego actuar y proveernos de lo necesario.

El afán desaparece al satisfacer nuestra necesidad espiritual

Jesús dijo: “hay una sola cosa necesaria”. Si llenamos nuestra necesidad espiritual, si saciamos nuestra hambre y sed de Dios, el afán por lo demás empezará a desaparecer. La palabra de Dios nos da instrucciones; si las escuchamos y seguimos, el afán por vivir desaparece y no nos turbará. Esto se aplica a todos por igual.

Cuando vives por tu propio interés y no por el de los demás, terminas afanado y angustiado. Las personas egocéntricas manejan mucha ansiedad porque están concentradas en sus problemas y no piensan en el prójimo.

Consecuencias del afán

Primer punto: Comparaciones y superioridad

El afanado habla mal de quienes no lo están. El adicto al trabajo se compara con los demás y se siente superior. Ahora se alaba el estrés porque se cree sinónimo de éxito.

Es necesario encontrar un balance. Hay corporaciones que antes de contratar a un nuevo empleado le preguntan: “¿Está dispuesto a trabajar duro, al punto de sacrificar a su familia si la empresa lo requiere?” A quienes responden positivamente no las contratan, porque saben que están contratando a alguien problemático.

Segundo punto: La victimización del estresado

El estresado siempre se victimiza. Es típico que las personas dedicadas a muchos quehaceres sientan que se aprovechan de ellas. Marta criticó a su hermana, diciendo:

“¿No crees que es injusto que mi hermana esté allí sentada mientras yo me mato trabajando?”

Cuidado con la administración del tiempo

Debes tener cuidado de no acusar al Señor por tu forma de administrar el tiempo. Muchos cansados y estresados terminan en el hospital. Debes aprender a escuchar su Palabra y no te afanarás.

Una cosa a la vez

Enfócate en una cosa y la harás bien. Si te afanas en muchas cosas a la vez, no lograrás terminar ninguna con éxito. Detente a disfrutar lo que vives.

Si necesitas consejo para priorizar tus tareas, háblale al Señor. Él te dará paz.


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