Noviazgo, Matrimonio, Padre – Fernando Betancourt
Reflexiones sobre la Vida y la Paternidad
Por: Fernando Betancourt
Todos ustedes y yo tenemos muchas cosas en común. Por ejemplo, a todos los hombres que estamos aquí nos gusta alguna mujer, y a todas las mujeres les gusta algún hombre.
Las Cosas en Común
Tenemos muchas cosas en común, entre ellas, que queremos amar a Dios. Un día queremos casarnos, tener hijos, amarlos y que sean exitosos. Yo tengo una hija que tiene siete meses en el vientre de mi esposa, su nombre es María Renée.
Diferencias en la Percepción
Así como todos tenemos cosas en común, hay cosas que no. Tenemos diferencias, ya que no todos aquí nos vamos a casar con la misma persona ni tenemos los mismos gustos. Las mayores diferencias están en nuestra mente. Di: “Mente, paradigma”.
Durante la vida, formamos muchos paradigmas en nuestra mente, que nos llevan a actuar y reaccionar de alguna manera específica. Por ejemplo, si te digo “noviazgo”, ¿qué percibes?
- Algunos perciben “me muero por tener uno”.
- Otros, “me muero porque la de al lado me diga que sí”.
- Algunos piensan “qué dolor de cabeza más bonito”.
- Otros piensan “nunca más voy a tener uno, porque todos son iguales”.
La Palabra «Matrimonio»
Voy a decir otra palabra: “matrimonio”. Cuando la digo, muchos piensan “ya, rápido quiero”; otros piensan “este no se anima”. Todos pensamos de forma distinta cuando mencionamos alguna palabra.
Hoy te quiero hablar de la palabra “padre”. Cuando escuchamos esa palabra, no todos pensamos igual. Puedes pensar:
- “pues, sí tengo uno”,
- o “tengo dos”,
- o “me hace falta, pues ya no lo tengo”,
- o “la verdad, que ni verlo quiero por lo que me hizo”.
Mi Experiencia Personal
Quiero contarles parte de mi vida y la percepción que hay en mi mente cuando escucho esa palabra.
Cuando era pequeño, mis padres se divorciaron y mi madre se volvió a casar. Con ambos me llevaba bien, teníamos una buena relación. Sin embargo, había cosas importantes que no tuve, y estas formaron un paradigma en mí.
Desde muy pequeño, le entregué mi vida a Dios; ustedes saben que Dios es el Padre por excelencia. Estando con Él, caminé durante muchos años; pero en un momento dado, me separé de Él, así como mis padres un día se separaron de mí.
La Búsqueda de Dios
Empecé a vivir una vida desordenada, entre tragos, vicios y adicciones. Tuve algunas novias, pero cuando empezaba a quererlas, cobardemente me separaba, porque era inseguro y pensaba que podían hacerme daño.
Un día decidí regresar con Dios. Le dije: “Si de veras existes, si eres real, yo quiero que me ames y amarte”.
La Relación con Mis Padres
En mi relación con mis padres en la tierra, muchas cosas me hicieron falta, entre ellas, cariño. Mis padres, uno de ellos, dos veces en la vida me dijo: “te quiero”, y lo hizo porque ambos estábamos bailando y tomando. En esa ocasión, fue la única vez en que lo dijo.
Descubriendo al Padre
La vida durante ese tiempo se llenó de violencia, mujeres, tragos, adicciones, y, en un momento dado, regresé con Dios. Le dije: “Si existes, quiero amarte y que me ames”.
La oración en la Biblia, “padre nuestro, que estás en los cielos”, nos llama a orar de esa forma. En esa oración, la primera frase es “Padre nuestro”. Él es un dios polifacético, pero lo primero que Él quiere que recordemos es que le hablemos como Padre.
Cuando oraba, le oraba a Jesús y al Espíritu Santo, pero nunca al Padre, porque no podía pensar que alguien a quien llamara “padre” me daría cosas importantes y buenas.
La Importancia de la Paternidad
Jesús se subió en una cruz con un motivo: para restablecer una relación que estaba rota entre dos partes: el Padre y nosotros. Dios está sumamente interesado en que tú lo conozcas como un Padre, no solamente como un Dios.
Él no es religión; es un buen padre que te quiere bendecir. Literalmente, juró que te iba a bendecir si tú te dejas.
Hay cosas en la vida que nosotros no escogemos. No escogí tener dos padres en la tierra, que no me dieran lo que realmente necesitaba, como pasar tiempo conmigo, escucharme, orientarme, darme un abrazo.
Lo Que Podemos Escoger
Pero hay cosas que sí podemos escoger. Hoy, tú escoges estar aquí. Tú decides dejarte el pelo largo, respetar tu cuerpo, y respetar a una mujer si la tienes.
Una de las elecciones que puedes hacer hoy es que Dios sea tu padre. Y eso no depende de nadie más que de ti. Yo te puedo decir hoy que después de que lo reconocí como un padre, qué rico se siente.
Un Buen Padre
Cuando entré por esta misma alfombra a casarme con mi esposa en este altar y supe que un buen Padre me estaba acompañando, fue una experiencia muy buena. ¿Sabes qué hago yo con mis padres en la tierra, ahora que comprendí lo que es una buena paternidad? Les digo cuánto los quiero y les agradezco por todo lo bueno que hicieron, y también por lo que no hicieron.
Reflexiones Finales
Si tu padre aquí en la tierra no ha funcionado como debería, no es tu culpa. Y si él es quien tú quisieras que fuera, tampoco lo es. Pero si Dios no es un buen padre para tu vida, eso sí es tu responsabilidad, y no solo eso, tu decisión.
No importa el paradigma que tengas de lo que un padre es, pero esta noche tú puedes salir reconociendo al Padre que Dios es. Él es bueno, y aunque tú tengas un buen paradigma o uno malo, Él va a ser bueno y estará esperando que le digas: “Sí, quiero que seas mi Padre, mi padre bueno”.
Dios quiere bendecirte esta noche, pero no puede hacerlo si tú no te dejas. ¿Estás listo para dejarte abrazar por un buen padre? ¿Estás listo para que Dios te diga: “Ven, hijo mío, no importa cómo llegaste a este lugar, yo soy tu Padre y te quiero abrazar, y no quiero que nunca te vuelvas a sentir solo”?
Si tú estás listo para que Dios sea tu Padre hoy, te voy a pedir que, junto conmigo, digas: “Amén”. Dios se va a revelar hoy aquí como tu buen padre. ¡Prepárate, esta es una noche que va a marcar un antes y un después en tu vida!
Fernando Betancourt – Iglesia Casa de Dios
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