Pastor Cash Luna – Recuperando Su Gloria
Pastor Cash Luna – www.cashluna.org
El Señor quiere que le pidas para darte y de esa forma recuperar la gloria que perdiste por el pecado.
Despojados por el pecado
Romanos 3:23 nos dice: «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.»
Todos pecamos y, por lo tanto, hemos sido destituidos de la gloria de Dios. Destituir significa rebajar y degradar, quitar aquello que se poseía. Por ejemplo, si te destituyen de tu cargo en la empresa donde trabajas, significa que te quedarás sin nada de lo que tu puesto representaba.
La palabra gloria en su significado original hace referencia a:
- Esplendor
- Preeminencia
- Autoridad
- Riqueza
- Prosperidad
- Brillo
- Bendición
Comúnmente, los cristianos interpretamos que la gloria de Dios se refiere únicamente a la nube o la unción del Espíritu Santo, pero es mucho más que eso. La gloria se refiere a todo el esplendor de Dios que rodea Su presencia.
Cuando Jesús fue tentado en el desierto, Satanás le mostró la gloria de las naciones, que no era precisamente una nube. Él le mostró las maravillas y la prosperidad del mundo. La gloria de cada país está en sus riquezas y potencial. Guatemala puede ser gloriosa porque Dios la hizo tierra fértil y abundante, pero de nada sirve si no trabajamos para producir. Cuando se menciona la gloria del Imperio Romano, se habla de su dominio, autoridad y poder, no de algo sobrenatural que la cubría. De igual forma, cuando se habla de la gloria de Dios, nos referimos a Su majestuosidad, prosperidad y riqueza.
La pérdida de la gloria
Adán y Eva perdieron la gloria que tenían al vivir en el Huerto del Edén, donde había paz, salud, bienestar y vida eterna. Esta es la gloria que Dios diseñó para el ser humano, pero se perdió por el pecado. Toma conciencia de que el pecado te hace perder TODO.
Romanos 6:23 comparte: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.»
Cuando pecamos, nos pasan dos tragedias:
- Morimos espiritualmente.
- Somos destituidos de la gloria de Dios.
Si reconocemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y si creemos que Su sangre lava todo pecado, nacemos de nuevo a la vida eterna; pero aún no recuperamos la gloria. El esplendor, preeminencia, autoridad y riqueza continúan perdidos.
Jesús dijo que había venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. No es jactancia creernos salvos por la sangre del Cordero, es tener fe en la gracia de Dios. De igual manera, no es arrogante creer que es voluntad divina recuperar Su gloria.
Su gloria de vuelta
Juan 17:5-7 nos revela: «Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.»
Incluso Jesús pidió de vuelta la gloria que tenía. Aunque vivió con gloria en la tierra, tuvo que despojarse de la del cielo. Él no perdió Su gloria por pecar como nosotros; la entregó para venir a la tierra a morir por nuestros pecados y ser obediente al Padre.
Para recuperar la gloria perdida, debes pedirlo, así como Jesús lo hizo. Muchos piensan que pedir en la oración no es bueno, pero las Escrituras dicen lo contrario. Jesús insiste en que pidamos. Es más espiritual el que pide al Señor en oración que quien no lo hace, porque demuestra su confianza en el Padre.
Además, pedir es glorificar el nombre del Señor, ya que confirmamos que todo lo que tenemos proviene de Él, en el nombre de Jesús. No te disfraces de humilde; solo los orgullosos se niegan a pedir. El humilde pide porque reconoce que alguien tiene algo que necesita y, de esa forma, da testimonio de que todo cuanto tiene proviene de la gracia de Dios.
Colosenses 2:13-15 dice: «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.»
Dios te dio vida cuando te perdonó y, además, despojó a los principados de aquello que te pertenece. Ahora solo debes pedirle que te lo devuelva.
Romanos 8:19 dice que la naturaleza misma gime esperando que los hijos de Dios se manifiesten con esplendor, brillo, autoridad, preeminencia, bienestar, bendición y salud para que retorne la gloria, y al final, todo sea restaurado.
Es un engaño creer que la gloria volverá cuando mueras y llegues al cielo. La historia del hombre comenzó en la tierra. Jesús se sacrificó, murió, fue enterrado y resucitó aquí, y es aquí donde desea restaurarte. El Señor quiere que pidas para poder levantar un pueblo glorioso en Su nombre.
Para que tu gozo sea cumplido
Juan 16:20-24 dice: «De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.»
La Escritura pone como ejemplo el sufrimiento de la mujer durante el parto. Dar a luz es doloroso, pero la recompensa es tan grande que nada importa.
En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidierais al Padre en mi nombre os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.
La promesa es muy grande, el Señor desea verte gozoso. Lo primero es pedir. Ese acto de humildad te da gozo. Lo segundo es la paz que brinda la esperanza de volver al Señor, y lo tercero que completa tu gozo es recibir aquello que pediste.
Recuerda, pide todo, porque has perdido todo y el Señor quiere dártelo todo.
La importancia de pedir
En 1ra. de Juan 5:13-15 leemos: «Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.» Y esta es la confianza que tenemos en Él: si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye.
Puedes pedir cualquier cosa. No importa qué desees, pídelo. No te detengas a averiguar si es posible o no. Si el Señor te lo concede, sabrás que es bueno; si no lo hace, sabrás que no te convenía.
Además, debes saber cómo pedir. Para recibir, primero reconoce que necesitas y luego pide de forma correcta. Pedir es confiar y comprender la dimensión de la restauración. La confianza se manifiesta pidiendo.
Lo que no puedes pedir
Santiago 4:2-3 dice: «Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar.»
Puedes pedir todo porque perdiste todo, excepto aquello que te haga pecar. No puedes pedir lo que te hizo perder cuanto tenías. Sería un error volver al mismo estado de tristeza y pérdida. Así que pide todo, cualquier cosa menos pecado.
Razones para pedir
Juan 14:12-13 comparte: «De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.»
Ya tenemos dos poderosas razones para pedir:
- Obtener el gozo completo.
- Dar gloria al Padre.
Dios se glorifica cuando Su pueblo le pide, porque de esa forma puede devolverle lo que perdió.
Mateo 6:8 relata: «No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.»
Pedir es reconocer nuestra necesidad. El Señor sabe lo que necesitas, pero las Escrituras dicen que debes pedírselo. Dios no da solamente porque conoce tu necesidad, da porque le pides. No lo dudes, Dios te dará lo que necesitas si se lo pides.
Una vez caminaba con un hombre de Dios y un niño se le acercó a pedirle Q0.25. Él sacó billetes de mucho más valor y escogió una moneda de Q0.25. Entonces, una de las personas que nos acompañaban le preguntó por qué le dio tan poco, si tenía mucho más que darle. La respuesta fue: “Le di lo que me pidió”.
Igual es Dios; aunque tenga mucho que darte, solo te dará lo que le pidas. Así que pide tanto como necesites porque aquel que más pide a Dios, menos suplica a los hombres.
El Señor tiene vida eterna para darte, ¡pídesela! Además, agradece la capacidad que te dio de pedir y obtener todo cuanto ansía tu corazón. Dile: “Señor, dame la fe y humildad para reconocerte como padre generoso que espera escuchar y conceder mi petición.”
Pastor Cash Luna – www.cashluna.org

