Jose Antonio Putzu – Deja Que Dios Te Defienda

La Justicia de Dios en Nuestras Vidas

Pastor Jose Antonio Putzu – www.cashluna.org


El Señor desea ejercer su justicia en tu vida, solamente debes permitírselo.

La Provocación y la Injusticia

Estamos expuestos al ataque de otros y, seguramente, también en algún momento hemos atacado a alguien. Vivimos en un mundo donde las personas buscan sus propios intereses y adoptan una actitud defensiva. Lo triste es que, a pesar de conocer la Palabra, pensamos injustamente que Dios no cuida de nosotros y dudamos de su protección.
Lo cuestionamos diciéndole: “¿No te das cuenta de lo que pasa en mi casa, en mi trabajo? ¿Tienes o no cuidado de mí? ¿No ves la injusticia de la que soy objeto?”

Diariamente somos blanco de provocaciones e injusticias. Parece que el ministerio de algunos es molestar. Hay ataques de todo tipo, y algunas situaciones parecen más asaltos que ataques. Estas circunstancias prueban nuestro corazón, tolerancia y paciencia.

Lucas 18:2 nos cuenta: «Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.»

El Señor desea intervenir a nuestro favor. Nos ama, pero debe ser justo y castigar el mal. A veces pensamos que, por ser cristianos, no tendremos enemigos, pero nos equivocamos. Hay personas malintencionadas, atentas a nuestro proceder. Aunque no parezca, el Señor se da cuenta y actúa con justicia. Probablemente no tan rápido como quisiéramos, pero el tiempo es de Dios, y Él sabe cuándo y cómo actuará.

No cuestiones el juicio del Señor. Dios no hace justicia, Él es la justicia.

La Ley del Talión No Funciona

En Mateo 5:38 leemos: «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.»

La Palabra nos enseña lo contrario de lo que aprendimos en casa. Un tío me decía: «No te dejes, devuelve lo que te hagan». Yo fui un buscapleitos, y aún debo pedir perdón a las personas que lastimé. Cuando me convertí, recibí muchas lecciones de humildad de mi líder. Él es una persona suave y de carácter dulce que me insistía sobre el valor de ejercitar la tolerancia.

Un día me encontré con uno de mis antiguos adversarios y pensé: «Esta es mi oportunidad; cuando me pegue en una mejilla, le pongo la otra y luego me desquito. Cumplo con la Biblia y también con mi deseo de justicia». Por supuesto, estaba equivocado y no actué de esa forma.

El mensaje del Señor es: «No te resistas a lo que el prójimo quiere hacer de ti». Parece una gran injusticia, pero es lo correcto. Si quieren robarte, debes dar lo que te piden y más. Si te obligan a hacer algo, ejecútalo doblemente.

Me sucedía que siempre le daba dinero a un inválido, aunque luego veía cómo se paraba de la silla de ruedas, doblaba la silla y se iba. Nos educan para cuidar y guardar lo que tenemos, no para dar. Dios quiere que aceptemos el ministerio de la humildad.

De Tal Palo, Tal Astilla

Leamos en Mateo 5:43-45: «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.»

Esto es impactante. Significa que, si te dices hijo de Dios, debes imitarle, aunque sientas como si te bautizaran en jugo de limón. Dios saca justicia de la injusticia. Jesús es un ejemplo vivo. Se dejó hacer de todo y te pide que seas como Él.

Mateo 5:46 continúa: «Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?»

La justicia de Dios es cuestión de recompensas. Su mensaje es: «Déjate, que yo te recompensaré.» Dios es un padre amoroso, no se burla de tu desgracia. Cuando hayas hecho mal, aguántate porque recibirás castigo. Pero si eres objeto de injusticia, serás recompensado.

Recuerda Que Hay Cosas en Tus Manos

Romanos 2:17-19 dice: «He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas.»

Recuerda que hay cosas que dependen de ti y otras que no. Una vez, estaba parado frente a todos en la iglesia y un hombre se me acercó muy afectado. Me pidió perdón porque dijo que yo le caía mal y tenía que liberarse de ese sentimiento que oprimía su corazón. Yo no le conocía y no comprendí su actitud; no dependía de mí, aún así, le di el perdón que me solicitaba.

La Búsqueda de la Paz

Hay que buscar la paz del espíritu. La vida es muy corta para complicarla; en tranquila convivencia se encuentra la felicidad. No tomes la venganza en tus manos. Defendernos es caer en pecado y negar nuestra condición de hijos de Dios.

Ejemplo ilustraivo: Una mujer de baja estatura, al salir de la iglesia, escuchó a un hombre preguntarle: “¿Adónde va, enana?”. Ella, enojada, le respondió: “¿Qué le importa?”. Luego, con mucha pena, reconoció el carro de la persona y comprendió que había escuchado mal. Realmente le habían preguntado: “¿Adónde va, hermana?”

Cuando intentas defenderte, es muy probable que te equivoques.

Titanes en el Ring

Santiago 1:19-20 nos comparte: «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.»

Al afrontar un problema, cállate y escucha. Si quieres que Dios no se meta en tu problema, enójate. Quien se enoja, pierde. Dios se aleja de aquellos que actúan con ira. Si no hay tranquilidad, tampoco hay justicia.

La vida es como un ring de boxeo. Dios es tu coach y te aconseja: «Cuando te den el primer golpe, quédate tirado. No vuelvas por otro, porque cuando estés tirado, solo debes extender tu mano, y yo te defenderé.»

Si actúas de esta forma, pobre de tu adversario, porque pelearse con Dios es duro de verdad. Recuerda la lucha libre, dos a tres caídas, con límite de tiempo. Alégrate porque tu compañero de equipo es Dios. Si quieres terminar rápido la pelea, quédate tirado, no te defiendas.

Si te roban, dalo todo porque Dios perseguirá a los ladrones. Esa es la fórmula: trabaja en equipo con El Señor. Él corre más rápido y pega más duro; en definitiva, hace justicia.

Un ejemplo de aprendizaje: Mi abuelita, una anciana dulce y cariñosa, me enseñó sobre la justicia. Un día, mientras mi hermana y mi tía se peleaban, mi abuelita con el chicote les pegó a las dos. Cuando me burlé de mi tía, a mí también me cayó. De esa forma, aprendí claramente que hay castigo para aquel que se porta mal.

Activa la Justicia de Dios

Lo primero es ser obediente y no poner resistencia a lo que otros quieren hacerte; demuestra tolerancia. Luego, pídele al Señor que intervenga y haga su justicia.

Isaías 58:6-8: «¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.»

La promesa del Señor es maravillosa. Hay dos presencias que nos acompañan: la justicia va delante y la gloria detrás. Eso significa que, por las mañanas, cuando te levantes, la justicia de Dios ya estará despierta junto a ti y te dará paso.

Al entrar a tu oficina, te abrirá la puerta y te precederá para darte el lugar que mereces. Además, detrás de ti tendrás la protección de su gloria y poder. Por lo tanto, cuando pases por un momento de injusticia, pídele al Señor que tome el control. Él quiere justificarte; reconócelo como tu Dios y Salvador y responde justamente a todo su amor. Entrégale tu ser, dale cuenta de tus actos para que su justicia obre en tu vida.


Pastor Jose Antonio Putzu – www.cashluna.org

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